A los 16 ó 17 años, y de la mano de mi compañera de
escuela Bárbara Ferrario, descubrí el patchwork. A lo largo de muchos meses, acopié decenas de retazos provenientes de diversos orígenes para dar forma a una colcha que, luego, usé durante muchos años.
Quise hacerle una foto para este post pero no pude encontrarla...
El caso es que, entusiasmada con la tarea, empecé otra serie de hexágonos que nunca terminé. Todavía.

Sin embargo, es tiempo de patchwork de nuevo para mi. Tengo ganas de hacer algo que me guste, que me desafíe, que me entretenga y me apasione. Estoy evaluando desde
cosas imposibles hasta otras
más sencillas pero infinitas. A ver por donde rumbeo...